Sábado, 25 Marzo 2017

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El proceso por la paz lo quieren convertir en un enfrentamiento entre el presidente Santos y el senador Uribe. O entre lo que representan cada uno: la burguesía urbana industrial y financiera, y la burguesía terrateniente rural. Pero el asunto no es tan simple. Es cierto que hay gente que opina que la historia es cíclica y que los sucesos a veces se repiten como el caso de los paramilitares, pero los procesos siempre avanzan, pueden tener cierta similitud, pero son diferentes. Sin embargo, hay que estudiarlos y entenderlos.

Como lo planteó el sacerdote Francisco de Roux, lo que está en juego no es el futuro de las FARC, ni del ELN, ni del Presidente Santos sino la verdadera posibilidad de vivir sin matarnos, sin miedos, sin terror y en una convivencia pacífica. Lo que sucede es que como la guerra ha ocurrido a mucha distancia de las ciudades, sus habitantes ven la guerra como algo que ocurre muy lejos y que no los afecta. Salvo cuando algunos han sido secuestrados o boletados en sus fincas. Muchos de ellos quieren seguir la guerra, que se arrecien los bombardeos y ataques contra la insurgencia. Quieren vengar los daños que han sufrido y sólo cesarán sus ataques a la paz cuando vean a todos los supuestos culpables muertos o en la cárcel.

¿Cómo golpean los enemigos de la paz el proceso? Lo primero que hacen es tratar de desinformar a los ciudadanos para desprestigiar el proceso. Dicen que no se oponen al fin de la guerra sólo para mostrar una imagen de defensores de la paz. Pero lo que buscan es ponerles palos a las ruedas del proceso de paz. Invocan a las víctimas, a la justicia, al sentimiento patrio para defender sus ocultos intereses. No les tiembla el pulso para inflamar los odios y los llamados a la venganza y la retaliación. Atacan la paz sembrando terror entre los ciudadanos incautos.

¿Qué defienden los enemigos de la paz? Si se esculca con cuidado encontraremos que detrás de esta supuesta resistencia civil están los que se apropiaron de grandes extensiones de tierra, que desplazaron e hicieron asesinar a miles de campesinos, o los que compraron a precios ínfimos las tierras abandonadas por los campesinos obligados a migrar para salvar sus vidas. A estos nuevos propietarios los quieren hacer aparecer como compradores de buena fe… Es por eso que estos grupos le han declarado la guerra a la restitución de tierras y a la ley de víctimas.

Vivir en paz es un viejo anhelo de millones de colombianos. Sin embargo, unos pequeños grupos, con fácil acceso a medios de comunicación quieren impedir la paz, utilizando el sufrimiento de las víctimas y la sangre de los soldados y policías caídos. Por lo tanto, los que somos ya mayores debemos pensar si la herencia que les queremos dejar a nuestros hijos y nietos es un país en guerra, lleno de odios, envidias, violencias e injusticias. Y los jóvenes si lo que quieren es un país sin oportunidades, sin esperanzas y sin opciones de futuro como el que hoy tenemos. La paz no transformará el país de un día para otro, pero será la llave que abra las puertas de las oportunidades para todos. Para eso se necesita que los indiferentes, los apáticos y los que creemos en la necesidad de la paz nos expresemos y nos hagamos sentir. Ese es el camino…
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